jueves, 22 de febrero de 2018

Forges, snif, snif



(Visiones en voz alta, 🌄39). Supongo que este mítico (ya sí) vídeo, junto a otros de la misma época y con similares protagonistas, estarán siendo repicados hoy a diestro y siniestro hasta formar parte de la banda sonora del triste día en curso. Fue más o menos por ese año de 1976, tal vez un año antes, en el Johnny, que él frecuentaba, o fugazmente en algún rincón del diario «Informaciones» (cuyos suplementos literarios yo coleccionaba con devoción), cuando entré en contacto con los peculiares monigotes de Forges, narigudos y gafotas, de trazo y formas amablemente redondeadas, y parlanchines ya de un lenguaje en el que no tardamos en encontrar una fuente de inspiración sin pausa de una manera traviesa, retóricamente aviesa e ingeniosamente atinada de codificar, ¡Gensanta!, el mundo. Y hasta hoy. En fin... habría tanto que contar... Pero iré de Forges a Borges, parodiando que es gerundio y con un brindis agradecido al maestro por tanta felicidad: «A mí se me hace cuento que se haya muerto el Forges:/ se habrá ido a pintarle las nubes al Gran Borde...» Buen viaje, don Antonio.

Posdata: La memoria juega malas pasadas. O simplemente desbarra a su manera. Repasando dibujos del maestro, me he topado con algunas portadas de Hermano Lobo, del año 1972, que seguramente conocí en su momento. Tirando de ese hilo, he caído en la cuenta de que Forges ya era un personaje bien conocido y sus chistes objeto de conversación con mis compañeros agustinos de El Escorial, donde estuve en los años 71 y 72. Ya por entonces su peculiar lenguaje empezaba a ser imitado por quienes siempre hemos tenido afición a inventar «palabros», o incluso «idiomos batiburrillos» completos, con mezclas de las más variadas procedencias. Aún recuerdo algún ejemplo del la jerga que empleábamos en Salamanca, allá por los finales de la década de los sesenta (aunque pueda parecer mentira, ya había mundo): «(Be)Nit nisán nit, cárcar, andand tutu la nui, mantalmentón, per tutus lasesqueins, acechanz, acechanz...» Imposible hacer traducción alguna. 



Imagen relacionada
Así despidió Forges a Mingote en 2012..

martes, 20 de febrero de 2018

Parque

No hay texto alternativo automático disponible.
Grafiti en el Parque Sin Nombre. Foto ©AJR,2018
(Al paso, 🐾🐕25). El Parque Sin Nombre, encajonado entre las calles Nieremberg y Pantoja, es uno de esos lugares algo insulsos y en el fondo sorprendentes que uno se encuentra en espacios ganados a la avaricia urbanística. No es especialmente hermoso ni acaso tenga más valor que su cercanía. Suele (o solía) ser frecuentado por currelantes, que aprovechan los dos o tres bancos que allí hay para tomarse una pausa al aire libre y dar cuenta de sus tarteras. O por parejas y grupos de jóvenes que hacen tertulia mientras se fuman unos joints (no sé si la palabra está aún vigente: debe de hacer media vida que no la utilizo; la aprendí de mi amigo Hari). Hacía tiempo que no pasaba por allí. Pero como es un lugar que durante algunos años frecuenté con Pancho, mi perro, que hoy hubiera cumplido 17 años (murió hace uno y medio), esta mañana al volver de un recado decidí dar un rodeo y fui a visitarlo. El lugar sigue más o menos igual, tal vez un poco más abandonado, y estaba completamente vacío. La mayor novedad es que han proliferado hasta extremos casi insidiosos no tanto los grafitis (que no me suelen desagradar) como esos pintarrajeos horribles que a menudo ensucian de manera tan tosca como abusiva las esquinas de nuestras ciudades. Sin embargo, en medio de la mugre, como una excepción que fuera a la vez un imán, he visto uno de esos pequeños y expresivos dibujos o grafismos modelados que, como pistas de no sé sabe bien qué mapa o código secreto, de cuando en cuando nos salen al paso en las paredes más insospechadas. Es este que aquí muestro. Al verlo, lo he interpretado como un homenaje al viejo amigo ladrador, y he sentido que de un modo sencillo y a la vez maravilloso el paseo había sido una opción afortunada. Y me lo he tomado —qué remedio pero también qué menos— como un síntoma de eso que, a falta de otro nombre más preciso, llamamos buena suerte. Que así sea. (Y, ah, amigo Pancho, felicidades).

lunes, 19 de febrero de 2018

Vértices

Resultado de imagen de Lluvia de neutrinos + ruinas mayas
El universo y sus constelaciones, incluidas las mayas.
(Lecturas en voz alta, 58a). A poco que uno sienta curiosidad por aspectos del mundo que vayan más allá de la política, las pugnas deportivas, la realidad apantallada o el particular ónfalos redundante, hay que reconocer que vivir es una fiesta en la que de continuo estamos invitados a participar en realidades sorprendentes. Como lo son estos descubrimientos de arqueologías milenarias que, de un solo pero bien fundamentado vistazo, son capaces de asomarnos a toda una rama (otra más) de la literatura fantástica en su versión de mitos fundacionales que ayudan a comprender las raíces más profundas de lo que somos. Y también de dónde venimos, si pensamos, por ejemplo, en las informaciones que dan cuenta de uno de los proyectos físicos más punteros: el Experimento de Neutrinos Subterráneo Profundo, una de cuyas peculiaridades —y quiero pensar que no menor— es el afortunado hecho que por sus siglas en inglés lleve el nombre de DUNE, esa memoria.

Con estas lecturas compartidas, además de dar cuenta de cosas que me salen al paso y cuya difusión juzgo interesante, trato también de establecer mi propio itinerario de pistas fácilmente localizables en la tablilla mágica del iPhone, a fin de tenerlas a mano en la próxima «conexión». Era mi intención esta vez enlazar el sencillo pero preciso artículo que Bruno Martín, desde Chicago, escribe sobre la última y quién sabe si definitiva trampa para cazar neutrinos, pero en el tránsito se me cruzó la otra información, de modo que al final he decidido sumar las dos (véase la entrega siguiente), entre otras cosas porque creo firmemente que hay una secreta (o no tanto) red que las une. Al fin y al cabo, el rostro de Maya tiene todos los rostros y a Dune se llega por mil y un caminos.

sábado, 17 de febrero de 2018

Espejo

Uno se sueña don Quijote.
Y luego, si despierta y hay suerte,
saluda a Sancho en el espejo.

Uno se sueña Don Quijote. Y luego, si despierta y hay suerte, saluda en el espejo a Sancho.

Uno se sueña Don Quijote. Y luego, si despierta y hay suerte, saluda en el espejo a Sancho.

viernes, 16 de febrero de 2018

Chinapro: ¡guau!

Resultado de imagen de Año nuevo chino en televisiòn
Feliz año 4716, según el computo chino, año del Perro de Tierra.
(Lecturas en voz alta, 🎎59). Coincidiendo casi milimétricamente con la inauguración del nuevo año chino, el del Perro, la noticia del desembarco del principal inversor oriental en Mediapro, la potente cadena privada de televisión de habla española, me parece que no está siendo valorada en lo que realmente significa. Si ya la alteración casi traumática (aunque finalmente sólo un poco absurda) de los horarios de las retransmisiones de la Liga de fútbol indicaba la potencia del factor oriental como determinante en la toma de decisiones, este paso supone de hecho el reconocimiento explícito y completo de quién tiene ya el control económico y la capacidad de decidir en la conocida plataforma de entretenimiento. 

No creo que tarden mucho en percibirse los efectos de la novedad, aunque también pienso que a estas alturas eso no importa demasiado, ni sus consecuencias van a ser llamativas en el anestesiado y anestesiante panorama televisual en que vivimos. 

En todo caso, qué lejos quedan aquellos míticos programas de «Humor amarillo», en los que, gracias a los imaginativos y desternillantes guiones de Herrera y Coll, tanto nos reíamos de las trompadas y tonterías, es especial las del «Chino Cudeiro», aquel prodigio de mestizaje, sin sospechar que a la vuelta de unos añitos la estética heredada de aquellos productos, más bien descerebrados en su formato original, puede estar a punto de colonizar nuestras pantallas. 

Habrá que irse preparando para ver cómo el Gran Wyoming cambia sus tirantes por una bata china o incluso por una chaquetilla de cuello mao. Y para todo lo que venga después.

Pessoa's sonnets


Original de uno de los poema ingleses de Pessoa.
Lecturas en voz alta, 👨‍💻56). Aquí enlazo la espléndida reseña del felizmente imparable y hasta ubicuo Antonio Rivero Taravillo (ART, en sigla bien acordada) sobre un libro, al parecer, espléndido. Y es Pessoa, ese heterónimo de sí mismo en el juego infinito de los espejos interiores, el que vuelve a dar una vez más muestra de un vigor inacabable, tal vez inabarcable. No un autor, una literatura. Más aún: un mundo en el que quedarse a vivir, si vivir en el sinvivir fuera posible. Parece mentira lo que dieron de sí las horas vivas de un oscuro oficinista. Y lo que seguramente aún nos queda por ver. Pessoa: un poeta cuántico.
Sus sonetos ingleses, que es lo que la reseña comenta, le hablan de tú a tú a la lengua de Shakespeare. Y quién sabe si al propio enmascarado de Stratford-upon-Avon. Del que, en esos misteriosos vericuetos biográficos que de cuando en cuando resucitan y vuelven a plantear dudas fantasmales, ¿quién puede asegurarnos que no fuera una fulguración anticipada de la misma “persona” universal? Para el lector atento —también para el que hace lo que pueda en medio del océano: y somos muchos—, nada es descartable. Y todo tiene concomitancias a menudo increíbles por la perfección con que encajan sus bordes.
Al fin y al cabo, todo está en los libros, esa constelación que algunos llaman universo. Y en nuestra mente. Amén.

jueves, 15 de febrero de 2018

Valor y necio



Todo necio confunde valor y precio.

Necio precio valor confunde y todo.
Confunde todo precio y valor necio.
Todo necio y valor confunde precio.
Precio todo y valor necio confunde.
Y todo precio confunde valor necio.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Solpor

Atardecer en Madrid. AJR, 2018.

Demasïado pronto se ha hecho tarde
y no hay más cera ya que la sincera
canción del corazón, que aún quema entera
la noche y su silencio. Sobre el mar de
los días que se van a su manera
flota un resto de luz iluminada
por el terco deseo y por la espada
del sueño, que es descanso y es frontera.
Pero no hay lucha ya: asentimiento
a cuanto la sorpresa —se diría
que va a cumplirse así la profecía*—
de vivir en los límites del viento
pueda ofrecerte aún. La vieja danza
que busca la quietud en su mudanza.

Oteando OT



La ganadora de Operación Triunfo en una gala del programa. Foto José Irún.

(Lecturas en voz alta, 🎤53). Este artículo de Daniel Bernabé, además de servirme para actualizar cierta terminología de la música pop (¡todavía existe tal cosa!), me ha traído la lejana y añorada capacidad de raciocinio de Juan Cueto, que entre nosotros fue, si no el primero, sí el que con mayor brillantez nos ilustró sobre algunos aspectos de la sociedad de consumo de masas, a través de sus múltiples y bien enfocadas lecturas de Barthes, Baudrillard, Toffler o Eco, con su minucioso conocimiento en primera persona de los productos culturales más novedosos y, de forma especial, con su brillante capacidad metafórica. 

Ráfagas de esa misma melodía me parece escuchar en este análisis de la última Operación Triunfo — que hace unos días echó el cierre en su parte «académica» para iniciar el periplo intermmable— y en la denuncia, una vez más, de ciertas imposturas socioculturales y mediáticas frente a las que la resignación parece ser la única respuesta posible. 

Muy recomendable, en especial para todos aquellos que estén por debajo de la cincuentena (¡ay dios misericordioso, pero qué ”tarras” que somos ya algunos para poder hablar así y que no de desplomen lo cielos!) y, en general, para quienes quieran y puedan seguir dándole al “tarro” por caminos no veniales.

lunes, 12 de febrero de 2018

VV sobre AB

Andrés Berlanga. Foto tomada de aquí.
(Lecturas en voz alta, 55). La necrológica parece un género periodístico fácil, pero no lo es. De hecho, dado su carácter completamente circunstancial y su condición de supuesta crónica cerrada, tiende más de una trampa que no todos los necrógrafos (si se me admite el término) logran sortear con la habilidad suficiente. 

Por no hablar de los peligros que supone el deslizamiento hacia alguno de los dos extremos del punto de vista que ha de adoptar el redactor: el exceso de hagiografía (el más frecuente) o la tentación del ajuste de cuentas (que también se da). Y sin olvidar el punto inerte más letal de todos: el catálogo frío, rutinario y acumulativo de hechos cortipegados de aquí y de allá, cuando no fusilados directamente de las entrañas de la wikipedia. 

Pues bien, todo esto es lo que evita la nota necrológica que Vicente Verdú dedica en «El país» a su amigo el escritor Andrés Berlanga, fallecido el sábado 11 de febrero. Es un texto que, en mi opinión, consigue el mejor efecto que una de estas piezas puede tener: acercarnos al fallecido de forma convincente y movernos a completar nuestro conocimiento de las razones que han hecho memorable su paso por el mundo. Un texto excelente. No se lo pierdan.

sábado, 10 de febrero de 2018

Selfisombra (2)

La imagen puede contener: exterior
Paso de cebra en Los Narejos, Mar Menor.
          Mi sombra se empeñó en andar sobre zancos. 
          Y cruzó la calle de un solo paso.

viernes, 9 de febrero de 2018

Marea



La mer, la mer, toujours recommencée!

Paul Valéry
Una tras otra
como si fueran sombras
como si fueran olas
latidos que segrega el alma a solas
voces que si las nombras
desaparecen, sombras
de sombras, ráfagas
de luz entrecortada
tras cuyos bordes líquidos asoma
la luz del otro lado
y aún se vislumbra
con la imaginación la poderosa
presencia ya olvidada que todo lo transforma
el dios pequeño, leve de las cosas
todas sus almas, toda la memoria
que en esta marejada desemboca
de una tras otra tras otra
palabras que dibujan y convocan
lo que dicen en contra
de lo que no dicen y en contra
del silencio que al paso desalojan
cuando regresan otra
vez y otra vez y otra vez y otra y otra...

https://www.facebook.com/alfredoj.ramos.9843/videos/320649001786827/

jueves, 8 de febrero de 2018

Resonancias

La imagen puede contener: exterior
Fotografía capturada en la red. De autor desconocido. Se agradecen pistas.
Vuelve a intentarlo. Ir sobre seguro
no te asegura nada: sólo el viaje,
las líneas paralelas y el peaje
de darle a las palabras un más puro
sonar: la resonancia, el eco oscuro
de los cuerpos que chocan y el pelaje
de las fieras corrupias, con sus aje-
drezadas correrías tras el muro
del sentido común: eso que dicen
en primera persona las palabras
y lo que se vislumbra en la trastienda.
Las ramas del poema —lo tamicen
ojos diestros o no— abracadabras
sin ton ni son no son. Aunque se entienda.

Aventis

La imagen puede contener: 8 personas, personas sonriendo, personas sentadas
Pedro Núñez de Villavicencio: Niños jugando a los dados, 1686. Museo del Prado, Madrid.
Y todos estuvimos de acuerdo en que no había nada que pudiera interesarnos más.
...

miércoles, 7 de febrero de 2018

«Lubricán», de Julia Spínola

Julia Spínola, fotografiada por Claudio Álvarez, en Lavapiés. Tomada de «El país».
(Lecturas/Visiones en voz alta,🌚🌗🌞52). «Algo tendrá el agua cuando la bendicen». Es el tópico que se me viene a la cabeza, y diría que por sí solo, cuando el azar me pone por vía doble ante la noticia de la exposición que Julia Spínola (Madrid, 1979) inaugura el próximo día 8 (febrero 2018) en el Centro de Arte Dos de Mayo, de Móstoles. En realidad, lo primero que me ha llamado la atención es una palabra, «Lubricán», título de la muestra, y que es voz de mixtura zoológica, entre perro y can, empleada en un lenguaje inusitado para definir con exactitud la hora del crepúsculo (otra palabra que suele servirse en bandeja de plata), ese viaje de la última luz hacia las primeras sombras de la noche. Una hora o un ínterin del que en gallego, en las cercanías semánticas y temporales del «pordosol», se dice que es o está «entre lusco y fusco», y que no hay que ser muy sensible para verle el peso diario que tiene en nuestro mundo sublunar, sobre nuestra experiencia de seres crepusculares, y, si no nos pilla ausentes, también sobre nuestra conciencia de buscadores de sentidos en todas las direcciones posibles, sin menospreciar oportunidad alguna de renacimiento.
Sirva el rodeo para llamar la atención —al que suscribe el primero— sobre la importancia de una artista de la que ya he venido recibiendo sucesivas, buenas y elocuentes noticias —en gran medida alertado por el hecho de que es hija de alguien cercano: los paisanos y amigos Felipe y Loles—, sin que hasta ahora le haya prestado la atención que sin duda merece.
La forma (el preciso y hermoso texto) con que se presenta la primera exposición individual en una importante institución española de Julia Spínola es por sí sola un poderoso reclamo para comprobar in situ cómo y de qué manera entiende una de las representantes más elogiadas del joven arte conceptual español procesos tales como el de la significativa importancia de la ambigüedad y el puro acontecer: por ejemplo, ese «espacio en el que las cosas deciden por sí solas», del que la artista habla en el artículo que Bea Espejo le dedica en Babelia (03.02.18). O cómo se expresa, en la práctica, la sucinta pero tan reveladora presentación que enlazo arriba. Tomen, como yo hago, nota. Vayan a ver, si les place. Y a ver qué pasa.

Autobiografía (e)

La imagen puede contener: océano, exterior y agua
J. M. William Turner: Amanecer después del naufragio, 1841. Courtauld Institute of Art, Londres.
A menudo lo oigo subiendo la escalera.
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martes, 6 de febrero de 2018

AL Campo de Fresas

Frederick Sandys: Medea, (1866-1868).
Birmingham Museum and Art Gallery.
(Lecturas en voz alta, 🍓51). Frente a la evidente ola de puritanismo que nos invade, taimada o —lo que quizá sea aún peor— bien intencionada y hasta “progresista”, es preciso volver a pensar. Y volver a leer. Es lo que viene haciendo, con claridad y notable amplitud de miras, Alejandro González Terriza, tanto en su blog como en su muro de FaceBook y su nido de Twitter, lugares que les recomiendo, y no sólo ni mucho menos, aunque también, por la amistad que nos une.
La amplia formación humanística de este doctor en filología clásica —su tesis doctoral es una verdadera “fuente de secretos”—, músico, poeta y profesor, en contacto continuo con la “juventud corruptible”, hace tiempo que viene siendo un foco de sensatez y claridad sobre muchos de los asuntos más o menos polémicos que nos rodean, así como sobre gran variedad de temas socioculturales, sin excluir la inmediatez política.
Un amplio repertorio de cuestiones, muchas de ellas candentes, aunque no requemadas de actualidad, que Alejandro —bien conocido y valorado entre los blogueros y ciberactivistas de su generación— trata con una rara y extensa profundidad, fruto sin duda de su formación humanística. Si no me creen, o creen que exagero, dense un paseo por sus «Campos de fresa» y juzguen por sí mismos.

Question mark

No hay texto alternativo automático disponible.
Rufino Tamayo: Hombre y su sombra, 1971.

Y qué decir de esos días en los que el mundo, todo el mundo, parece haberse dado la vuelta y no tienes más remedio que seguir caminando solo y a ser posible en paz contigo mismo?
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lunes, 5 de febrero de 2018

El invisible (j)

La imagen puede contener: una persona, sentada e interior
Vittorio Matteo Corcos: Sogni, 1896. Galleria d'Arte Moderna, Roma.
«¿Dónde te he visto antes?», oí. No era fácil saber quién hacía la pregunta, ni de qué lado del andén estaba. Me limité a sonreír. En general.
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domingo, 4 de febrero de 2018

Leila despide a Parra

Leila Guerriero
Nicanor Parra
(Lecturas en voz alta, 50). La hermosa despedida que Leila Guerriero le dedica a Nicanor Parra está admirablemente contaminada del espíritu del finado. Hasta el punto de que, más que una necrológica, parece el epitalamio de exaltación de un único encuentro que sin embargo deja una huella para toda la vida. Y toda la muerte, que nunca sabemos lo que vendrá a durar. 
Mientras leía, una voz tarareaba en mi cabeza unos versos de Borges transformados para la ocasión: «A mí se me hace cuento que Nicanor muriera: / seguro que se ha ido a desmontar estrellas». O algo así.

Ultramarina

La imagen puede contener: exterior y agua
Hiroshi Yoshida: Glittering Sea (Jizuri)», 1930.
Hizo caso al mensaje transatlántico y se puso a narrar lo sucedido a la vuelta de la esquina.
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sábado, 3 de febrero de 2018

Autobiografía (d)

La imagen puede contener: una o varias personas y personas sentadas
Antonio López Torres: Jugando a las bolas, 1946. Museo ALT, Tomelloso.
(No sé si los colores de la reproducción son los correctos).
En aquel tiempo, Julito aún no participaba en el juego, pero se fijaba mucho.
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viernes, 2 de febrero de 2018

Tránsito

La imagen puede contener: una persona
El Greco: La visión de San Juan, 1608-1614. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
Soñó que se moría y al pie del horno estaban sus cinco novias y su sola amante.
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jueves, 1 de febrero de 2018

Liaisons...

Claude Lanzmann frente a Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, París años sesenta.
ARCHIVO BETTMANN
(Lecturas en voz alta, 📖49). Como desconocía o había olvidado la relación entre Claude Lanzmann y Simone de Beauvoir, la noticia de la posible publicación de la correspondencia amorosa entre ambos (de ella a él) me ha pillado por completo de sorpresa. Y al tiempo que ha conectado referencias en mi cerebro (¿es así como se rejuvenecen las neuronas a partir de cierta edad?), también ha excitado al ser más cotilla que realmente curioso que, en mayor o menor grado, todos llevamos dentro, y al que, quienes tenemos tendencias algo fetichistas y sobre todo fácilmente mitificadoras, solemos rendir culto sin miedo, aunque sea bajo la excusa —muy razonable— de nuestro interés por la vida cultural.
La verdad es que suelen ser muy gratificantes estos conocimientos de intimidades de personas a las que admiramos por otros motivos. Y no pocas veces nos proporcionan claves que, sin ser definitivas, sí aportan perspectivas no sólo enriquecedoras para comprender mejor sus creaciones, sino sobre todo para entenderlas de una manera más cercana, con una aproximación que, en el fondo, nos permite disolver, siquiera por una fracción de realidad imaginada, la inmensa distancia que, si bien se mira, siempre se extiende entre dos seres humanos, por muy compenetrados —y hasta interpeneentrados— que se encuentren. El abismo son los otros.
Reportajes como estos, acaso no muy diferentes (salvo por su valor cualitativo) a las chismosas y permanentes tertulias televisivas, invitan a profundizar en ese misterio que siempre es la vida ajena —también la propia— y a calibrar desde una perspectiva, acaso más diáfana y asequible, el alcance y hasta el significado preciso de sus obras de creación.