jueves, 22 de febrero de 2018

Forges, snif, snif



(Visiones en voz alta, 🌄39). Supongo que este mítico (ya sí) vídeo, junto a otros de la misma época y con similares protagonistas, estarán siendo repicados hoy a diestro y siniestro hasta formar parte de la banda sonora del triste día en curso. Fue más o menos por ese año de 1976, tal vez un año antes, en el Johnny, que él frecuentaba, o fugazmente en algún rincón del diario «Informaciones» (cuyos suplementos literarios yo coleccionaba con devoción), cuando entré en contacto con los peculiares monigotes de Forges, narigudos y gafotas, de trazo y formas amablemente redondeadas, y parlanchines ya de un lenguaje en el que no tardamos en encontrar una fuente de inspiración sin pausa de una manera traviesa, retóricamente aviesa e ingeniosamente atinada de codificar, ¡Gensanta!, el mundo. Y hasta hoy. En fin... habría tanto que contar... Pero iré de Forges a Borges, parodiando que es gerundio y con un brindis agradecido al maestro por tanta felicidad: «A mí se me hace cuento que se haya muerto el Forges:/ se habrá ido a pintarle las nubes al Gran Borde...» Buen viaje, don Antonio.

Posdata: La memoria juega malas pasadas. O simplemente desbarra a su manera. Repasando dibujos del maestro, me he topado con algunas portadas de Hermano Lobo, del año 1972, que seguramente conocí en su momento. Tirando de ese hilo, he caído en la cuenta de que Forges ya era un personaje bien conocido y sus chistes objeto de conversación con mis compañeros agustinos de El Escorial, donde estuve en los años 71 y 72. Ya por entonces su peculiar lenguaje empezaba a ser imitado por quienes siempre hemos tenido afición a inventar «palabros», o incluso «idiomos batiburrillos» completos, con mezclas de las más variadas procedencias. Aún recuerdo algún ejemplo del la jerga que empleábamos en Salamanca, allá por los finales de la década de los sesenta (aunque pueda parecer mentira, ya había mundo): «(Be)Nit nisán nit, cárcar, andand tutu la nui, mantalmentón, per tutus lasesqueins, acechanz, acechanz...» Imposible hacer traducción alguna. 



Imagen relacionada
Así despidió Forges a Mingote en 2012..

martes, 20 de febrero de 2018

Parque

No hay texto alternativo automático disponible.
Grafiti en el Parque Sin Nombre. Foto ©AJR,2018
(Al paso, 🐾🐕25). El Parque Sin Nombre, encajonado entre las calles Nieremberg y Pantoja, es uno de esos lugares algo insulsos y en el fondo sorprendentes que uno se encuentra en espacios ganados a la avaricia urbanística. No es especialmente hermoso ni acaso tenga más valor que su cercanía. Suele (o solía) ser frecuentado por currelantes, que aprovechan los dos o tres bancos que allí hay para tomarse una pausa al aire libre y dar cuenta de sus tarteras. O por parejas y grupos de jóvenes que hacen tertulia mientras se fuman unos joints (no sé si la palabra está aún vigente: debe de hacer media vida que no la utilizo; la aprendí de mi amigo Hari). Hacía tiempo que no pasaba por allí. Pero como es un lugar que durante algunos años frecuenté con Pancho, mi perro, que hoy hubiera cumplido 17 años (murió hace uno y medio), esta mañana al volver de un recado decidí dar un rodeo y fui a visitarlo. El lugar sigue más o menos igual, tal vez un poco más abandonado, y estaba completamente vacío. La mayor novedad es que han proliferado hasta extremos casi insidiosos no tanto los grafitis (que no me suelen desagradar) como esos pintarrajeos horribles que a menudo ensucian de manera tan tosca como abusiva las esquinas de nuestras ciudades. Sin embargo, en medio de la mugre, como una excepción que fuera a la vez un imán, he visto uno de esos pequeños y expresivos dibujos o grafismos modelados que, como pistas de no sé sabe bien qué mapa o código secreto, de cuando en cuando nos salen al paso en las paredes más insospechadas. Es este que aquí muestro. Al verlo, lo he interpretado como un homenaje al viejo amigo ladrador, y he sentido que de un modo sencillo y a la vez maravilloso el paseo había sido una opción afortunada. Y me lo he tomado —qué remedio pero también qué menos— como un síntoma de eso que, a falta de otro nombre más preciso, llamamos buena suerte. Que así sea. (Y, ah, amigo Pancho, felicidades).

lunes, 19 de febrero de 2018

Vértices

Resultado de imagen de Lluvia de neutrinos + ruinas mayas
El universo y sus constelaciones, incluidas las mayas.
(Lecturas en voz alta, 58a). A poco que uno sienta curiosidad por aspectos del mundo que vayan más allá de la política, las pugnas deportivas, la realidad apantallada o el particular ónfalos redundante, hay que reconocer que vivir es una fiesta en la que de continuo estamos invitados a participar en realidades sorprendentes. Como lo son estos descubrimientos de arqueologías milenarias que, de un solo pero bien fundamentado vistazo, son capaces de asomarnos a toda una rama (otra más) de la literatura fantástica en su versión de mitos fundacionales que ayudan a comprender las raíces más profundas de lo que somos. Y también de dónde venimos, si pensamos, por ejemplo, en las informaciones que dan cuenta de uno de los proyectos físicos más punteros: el Experimento de Neutrinos Subterráneo Profundo, una de cuyas peculiaridades —y quiero pensar que no menor— es el afortunado hecho que por sus siglas en inglés lleve el nombre de DUNE, esa memoria.

Con estas lecturas compartidas, además de dar cuenta de cosas que me salen al paso y cuya difusión juzgo interesante, trato también de establecer mi propio itinerario de pistas fácilmente localizables en la tablilla mágica del iPhone, a fin de tenerlas a mano en la próxima «conexión». Era mi intención esta vez enlazar el sencillo pero preciso artículo que Bruno Martín, desde Chicago, escribe sobre la última y quién sabe si definitiva trampa para cazar neutrinos, pero en el tránsito se me cruzó la otra información, de modo que al final he decidido sumar las dos (véase la entrega siguiente), entre otras cosas porque creo firmemente que hay una secreta (o no tanto) red que las une. Al fin y al cabo, el rostro de Maya tiene todos los rostros y a Dune se llega por mil y un caminos.

sábado, 17 de febrero de 2018

Espejo

Uno se sueña don Quijote.
Y luego, si despierta y hay suerte,
saluda a Sancho en el espejo.

Uno se sueña Don Quijote. Y luego, si despierta y hay suerte, saluda en el espejo a Sancho.

Uno se sueña Don Quijote. Y luego, si despierta y hay suerte, saluda en el espejo a Sancho.

viernes, 16 de febrero de 2018

Chinapro: ¡guau!

Resultado de imagen de Año nuevo chino en televisiòn
Feliz año 4716, según el computo chino, año del Perro de Tierra.
(Lecturas en voz alta, 🎎59). Coincidiendo casi milimétricamente con la inauguración del nuevo año chino, el del Perro, la noticia del desembarco del principal inversor oriental en Mediapro, la potente cadena privada de televisión de habla española, me parece que no está siendo valorada en lo que realmente significa. Si ya la alteración casi traumática (aunque finalmente sólo un poco absurda) de los horarios de las retransmisiones de la Liga de fútbol indicaba la potencia del factor oriental como determinante en la toma de decisiones, este paso supone de hecho el reconocimiento explícito y completo de quién tiene ya el control económico y la capacidad de decidir en la conocida plataforma de entretenimiento. 

No creo que tarden mucho en percibirse los efectos de la novedad, aunque también pienso que a estas alturas eso no importa demasiado, ni sus consecuencias van a ser llamativas en el anestesiado y anestesiante panorama televisual en que vivimos. 

En todo caso, qué lejos quedan aquellos míticos programas de «Humor amarillo», en los que, gracias a los imaginativos y desternillantes guiones de Herrera y Coll, tanto nos reíamos de las trompadas y tonterías, es especial las del «Chino Cudeiro», aquel prodigio de mestizaje, sin sospechar que a la vuelta de unos añitos la estética heredada de aquellos productos, más bien descerebrados en su formato original, puede estar a punto de colonizar nuestras pantallas. 

Habrá que irse preparando para ver cómo el Gran Wyoming cambia sus tirantes por una bata china o incluso por una chaquetilla de cuello mao. Y para todo lo que venga después.

Pessoa's sonnets


Original de uno de los poema ingleses de Pessoa.
Lecturas en voz alta, 👨‍💻56). Aquí enlazo la espléndida reseña del felizmente imparable y hasta ubicuo Antonio Rivero Taravillo (ART, en sigla bien acordada) sobre un libro, al parecer, espléndido. Y es Pessoa, ese heterónimo de sí mismo en el juego infinito de los espejos interiores, el que vuelve a dar una vez más muestra de un vigor inacabable, tal vez inabarcable. No un autor, una literatura. Más aún: un mundo en el que quedarse a vivir, si vivir en el sinvivir fuera posible. Parece mentira lo que dieron de sí las horas vivas de un oscuro oficinista. Y lo que seguramente aún nos queda por ver. Pessoa: un poeta cuántico.
Sus sonetos ingleses, que es lo que la reseña comenta, le hablan de tú a tú a la lengua de Shakespeare. Y quién sabe si al propio enmascarado de Stratford-upon-Avon. Del que, en esos misteriosos vericuetos biográficos que de cuando en cuando resucitan y vuelven a plantear dudas fantasmales, ¿quién puede asegurarnos que no fuera una fulguración anticipada de la misma “persona” universal? Para el lector atento —también para el que hace lo que pueda en medio del océano: y somos muchos—, nada es descartable. Y todo tiene concomitancias a menudo increíbles por la perfección con que encajan sus bordes.
Al fin y al cabo, todo está en los libros, esa constelación que algunos llaman universo. Y en nuestra mente. Amén.

jueves, 15 de febrero de 2018

Valor y necio



Todo necio confunde valor y precio.

Necio precio valor confunde y todo.
Confunde todo precio y valor necio.
Todo necio y valor confunde precio.
Precio todo y valor necio confunde.
Y todo precio confunde valor necio.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Solpor

Atardecer en Madrid. AJR, 2018.

Demasïado pronto se ha hecho tarde
y no hay más cera ya que la sincera
canción del corazón, que aún quema entera
la noche y su silencio. Sobre el mar de
los días que se van a su manera
flota un resto de luz iluminada
por el terco deseo y por la espada
del sueño, que es descanso y es frontera.
Pero no hay lucha ya: asentimiento
a cuanto la sorpresa —se diría
que va a cumplirse así la profecía*—
de vivir en los límites del viento
pueda ofrecerte aún. La vieja danza
que busca la quietud en su mudanza.

Oteando OT



La ganadora de Operación Triunfo en una gala del programa. Foto José Irún.

(Lecturas en voz alta, 🎤53). Este artículo de Daniel Bernabé, además de servirme para actualizar cierta terminología de la música pop (¡todavía existe tal cosa!), me ha traído la lejana y añorada capacidad de raciocinio de Juan Cueto, que entre nosotros fue, si no el primero, sí el que con mayor brillantez nos ilustró sobre algunos aspectos de la sociedad de consumo de masas, a través de sus múltiples y bien enfocadas lecturas de Barthes, Baudrillard, Toffler o Eco, con su minucioso conocimiento en primera persona de los productos culturales más novedosos y, de forma especial, con su brillante capacidad metafórica. 

Ráfagas de esa misma melodía me parece escuchar en este análisis de la última Operación Triunfo — que hace unos días echó el cierre en su parte «académica» para iniciar el periplo intermmable— y en la denuncia, una vez más, de ciertas imposturas socioculturales y mediáticas frente a las que la resignación parece ser la única respuesta posible. 

Muy recomendable, en especial para todos aquellos que estén por debajo de la cincuentena (¡ay dios misericordioso, pero qué ”tarras” que somos ya algunos para poder hablar así y que no de desplomen lo cielos!) y, en general, para quienes quieran y puedan seguir dándole al “tarro” por caminos no veniales.

lunes, 12 de febrero de 2018

VV sobre AB

Andrés Berlanga. Foto tomada de aquí.
(Lecturas en voz alta, 55). La necrológica parece un género periodístico fácil, pero no lo es. De hecho, dado su carácter completamente circunstancial y su condición de supuesta crónica cerrada, tiende más de una trampa que no todos los necrógrafos (si se me admite el término) logran sortear con la habilidad suficiente. 

Por no hablar de los peligros que supone el deslizamiento hacia alguno de los dos extremos del punto de vista que ha de adoptar el redactor: el exceso de hagiografía (el más frecuente) o la tentación del ajuste de cuentas (que también se da). Y sin olvidar el punto inerte más letal de todos: el catálogo frío, rutinario y acumulativo de hechos cortipegados de aquí y de allá, cuando no fusilados directamente de las entrañas de la wikipedia. 

Pues bien, todo esto es lo que evita la nota necrológica que Vicente Verdú dedica en «El país» a su amigo el escritor Andrés Berlanga, fallecido el sábado 11 de febrero. Es un texto que, en mi opinión, consigue el mejor efecto que una de estas piezas puede tener: acercarnos al fallecido de forma convincente y movernos a completar nuestro conocimiento de las razones que han hecho memorable su paso por el mundo. Un texto excelente. No se lo pierdan.

sábado, 10 de febrero de 2018

Selfisombra (2)

La imagen puede contener: exterior
Paso de cebra en Los Narejos, Mar Menor.
          Mi sombra se empeñó en andar sobre zancos. 
          Y cruzó la calle de un solo paso.

viernes, 9 de febrero de 2018

Marea



La mer, la mer, toujours recommencée!

Paul Valéry
Una tras otra
como si fueran sombras
como si fueran olas
latidos que segrega el alma a solas
voces que si las nombras
desaparecen, sombras
de sombras, ráfagas
de luz entrecortada
tras cuyos bordes líquidos asoma
la luz del otro lado
y aún se vislumbra
con la imaginación la poderosa
presencia ya olvidada que todo lo transforma
el dios pequeño, leve de las cosas
todas sus almas, toda la memoria
que en esta marejada desemboca
de una tras otra tras otra
palabras que dibujan y convocan
lo que dicen en contra
de lo que no dicen y en contra
del silencio que al paso desalojan
cuando regresan otra
vez y otra vez y otra vez y otra y otra...

https://www.facebook.com/alfredoj.ramos.9843/videos/320649001786827/

jueves, 8 de febrero de 2018

Resonancias

La imagen puede contener: exterior
Fotografía capturada en la red. De autor desconocido. Se agradecen pistas.
Vuelve a intentarlo. Ir sobre seguro
no te asegura nada: sólo el viaje,
las líneas paralelas y el peaje
de darle a las palabras un más puro
sonar: la resonancia, el eco oscuro
de los cuerpos que chocan y el pelaje
de las fieras corrupias, con sus aje-
drezadas correrías tras el muro
del sentido común: eso que dicen
en primera persona las palabras
y lo que se vislumbra en la trastienda.
Las ramas del poema —lo tamicen
ojos diestros o no— abracadabras
sin ton ni son no son. Aunque se entienda.

Aventis

La imagen puede contener: 8 personas, personas sonriendo, personas sentadas
Pedro Núñez de Villavicencio: Niños jugando a los dados, 1686. Museo del Prado, Madrid.
Y todos estuvimos de acuerdo en que no había nada que pudiera interesarnos más.
...

miércoles, 7 de febrero de 2018

«Lubricán», de Julia Spínola

Julia Spínola, fotografiada por Claudio Álvarez, en Lavapiés. Tomada de «El país».
(Lecturas/Visiones en voz alta,🌚🌗🌞52). «Algo tendrá el agua cuando la bendicen». Es el tópico que se me viene a la cabeza, y diría que por sí solo, cuando el azar me pone por vía doble ante la noticia de la exposición que Julia Spínola (Madrid, 1979) inaugura el próximo día 8 (febrero 2018) en el Centro de Arte Dos de Mayo, de Móstoles. En realidad, lo primero que me ha llamado la atención es una palabra, «Lubricán», título de la muestra, y que es voz de mixtura zoológica, entre perro y can, empleada en un lenguaje inusitado para definir con exactitud la hora del crepúsculo (otra palabra que suele servirse en bandeja de plata), ese viaje de la última luz hacia las primeras sombras de la noche. Una hora o un ínterin del que en gallego, en las cercanías semánticas y temporales del «pordosol», se dice que es o está «entre lusco y fusco», y que no hay que ser muy sensible para verle el peso diario que tiene en nuestro mundo sublunar, sobre nuestra experiencia de seres crepusculares, y, si no nos pilla ausentes, también sobre nuestra conciencia de buscadores de sentidos en todas las direcciones posibles, sin menospreciar oportunidad alguna de renacimiento.
Sirva el rodeo para llamar la atención —al que suscribe el primero— sobre la importancia de una artista de la que ya he venido recibiendo sucesivas, buenas y elocuentes noticias —en gran medida alertado por el hecho de que es hija de alguien cercano: los paisanos y amigos Felipe y Loles—, sin que hasta ahora le haya prestado la atención que sin duda merece.
La forma (el preciso y hermoso texto) con que se presenta la primera exposición individual en una importante institución española de Julia Spínola es por sí sola un poderoso reclamo para comprobar in situ cómo y de qué manera entiende una de las representantes más elogiadas del joven arte conceptual español procesos tales como el de la significativa importancia de la ambigüedad y el puro acontecer: por ejemplo, ese «espacio en el que las cosas deciden por sí solas», del que la artista habla en el artículo que Bea Espejo le dedica en Babelia (03.02.18). O cómo se expresa, en la práctica, la sucinta pero tan reveladora presentación que enlazo arriba. Tomen, como yo hago, nota. Vayan a ver, si les place. Y a ver qué pasa.

Autobiografía (e)

La imagen puede contener: océano, exterior y agua
J. M. William Turner: Amanecer después del naufragio, 1841. Courtauld Institute of Art, Londres.
A menudo lo oigo subiendo la escalera.
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martes, 6 de febrero de 2018

AL Campo de Fresas

Frederick Sandys: Medea, (1866-1868).
Birmingham Museum and Art Gallery.
(Lecturas en voz alta, 🍓51). Frente a la evidente ola de puritanismo que nos invade, taimada o —lo que quizá sea aún peor— bien intencionada y hasta “progresista”, es preciso volver a pensar. Y volver a leer. Es lo que viene haciendo, con claridad y notable amplitud de miras, Alejandro González Terriza, tanto en su blog como en su muro de FaceBook y su nido de Twitter, lugares que les recomiendo, y no sólo ni mucho menos, aunque también, por la amistad que nos une.
La amplia formación humanística de este doctor en filología clásica —su tesis doctoral es una verdadera “fuente de secretos”—, músico, poeta y profesor, en contacto continuo con la “juventud corruptible”, hace tiempo que viene siendo un foco de sensatez y claridad sobre muchos de los asuntos más o menos polémicos que nos rodean, así como sobre gran variedad de temas socioculturales, sin excluir la inmediatez política.
Un amplio repertorio de cuestiones, muchas de ellas candentes, aunque no requemadas de actualidad, que Alejandro —bien conocido y valorado entre los blogueros y ciberactivistas de su generación— trata con una rara y extensa profundidad, fruto sin duda de su formación humanística. Si no me creen, o creen que exagero, dense un paseo por sus «Campos de fresa» y juzguen por sí mismos.

Question mark

No hay texto alternativo automático disponible.
Rufino Tamayo: Hombre y su sombra, 1971.

Y qué decir de esos días en los que el mundo, todo el mundo, parece haberse dado la vuelta y no tienes más remedio que seguir caminando solo y a ser posible en paz contigo mismo?
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lunes, 5 de febrero de 2018

El invisible (j)

La imagen puede contener: una persona, sentada e interior
Vittorio Matteo Corcos: Sogni, 1896. Galleria d'Arte Moderna, Roma.
«¿Dónde te he visto antes?», oí. No era fácil saber quién hacía la pregunta, ni de qué lado del andén estaba. Me limité a sonreír. En general.
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domingo, 4 de febrero de 2018

Leila despide a Parra

Leila Guerriero
Nicanor Parra
(Lecturas en voz alta, 50). La hermosa despedida que Leila Guerriero le dedica a Nicanor Parra está admirablemente contaminada del espíritu del finado. Hasta el punto de que, más que una necrológica, parece el epitalamio de exaltación de un único encuentro que sin embargo deja una huella para toda la vida. Y toda la muerte, que nunca sabemos lo que vendrá a durar. 
Mientras leía, una voz tarareaba en mi cabeza unos versos de Borges transformados para la ocasión: «A mí se me hace cuento que Nicanor muriera: / seguro que se ha ido a desmontar estrellas». O algo así.

Ultramarina

La imagen puede contener: exterior y agua
Hiroshi Yoshida: Glittering Sea (Jizuri)», 1930.
Hizo caso al mensaje transatlántico y se puso a narrar lo sucedido a la vuelta de la esquina.
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sábado, 3 de febrero de 2018

Autobiografía (d)

La imagen puede contener: una o varias personas y personas sentadas
Antonio López Torres: Jugando a las bolas, 1946. Museo ALT, Tomelloso.
(No sé si los colores de la reproducción son los correctos).
En aquel tiempo, Julito aún no participaba en el juego, pero se fijaba mucho.
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viernes, 2 de febrero de 2018

Tránsito

La imagen puede contener: una persona
El Greco: La visión de San Juan, 1608-1614. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
Soñó que se moría y al pie del horno estaban sus cinco novias y su sola amante.
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jueves, 1 de febrero de 2018

Liaisons...

Claude Lanzmann frente a Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, París años sesenta.
ARCHIVO BETTMANN
(Lecturas en voz alta, 📖49). Como desconocía o había olvidado la relación entre Claude Lanzmann y Simone de Beauvoir, la noticia de la posible publicación de la correspondencia amorosa entre ambos (de ella a él) me ha pillado por completo de sorpresa. Y al tiempo que ha conectado referencias en mi cerebro (¿es así como se rejuvenecen las neuronas a partir de cierta edad?), también ha excitado al ser más cotilla que realmente curioso que, en mayor o menor grado, todos llevamos dentro, y al que, quienes tenemos tendencias algo fetichistas y sobre todo fácilmente mitificadoras, solemos rendir culto sin miedo, aunque sea bajo la excusa —muy razonable— de nuestro interés por la vida cultural.
La verdad es que suelen ser muy gratificantes estos conocimientos de intimidades de personas a las que admiramos por otros motivos. Y no pocas veces nos proporcionan claves que, sin ser definitivas, sí aportan perspectivas no sólo enriquecedoras para comprender mejor sus creaciones, sino sobre todo para entenderlas de una manera más cercana, con una aproximación que, en el fondo, nos permite disolver, siquiera por una fracción de realidad imaginada, la inmensa distancia que, si bien se mira, siempre se extiende entre dos seres humanos, por muy compenetrados —y hasta interpeneentrados— que se encuentren. El abismo son los otros.
Reportajes como estos, acaso no muy diferentes (salvo por su valor cualitativo) a las chismosas y permanentes tertulias televisivas, invitan a profundizar en ese misterio que siempre es la vida ajena —también la propia— y a calibrar desde una perspectiva, acaso más diáfana y asequible, el alcance y hasta el significado preciso de sus obras de creación.

miércoles, 31 de enero de 2018

Fuga

La imagen puede contener: cielo, árbol, exterior, agua y naturaleza
«Cielo en Eburia» ©️AJR, 2018.

Fuga (imposible más allá) del tiempo
Salir por la tangente no es salirse
del peliagudo círculo vicioso
en que nos sume, con su horror boscoso,
la geometría gris del consumirse.



Es algo más, peor, atroz: es irse
dando más cuenta de que de la fuga
que alguna vez tramamos —la tortuga
frente a Aquiles— no hay forma de evadirse.

Así, no hay más remedio que esforzarse
en sostener la luz que nos alumbra
como si fuera el sol de cada día.

Ya no hay palabras en las que sentarse
a ver pasar la vida y su penumbra
mientras nos quema el tiempo en su porfía.

El pescador (memorial)

Joaquín Sorolla: El pescador, 1904. Col. Particular.
Entre esto y lo otro y lo otro, vivió con la nobleza de la pura vida. 
Bitte biggest!
...

Autobiografía (c)

Camellos y paisaje en el desierto del Sáhara, de autor desconocido.
Siempre empieza a escribir en el desierto.

martes, 30 de enero de 2018

Isla abierta*

Edvard Munch: Pikene på broen («Las chicas en el puente»), 1902. Col. Particular.
Durante un tiempo solamente están y esperan.
...
[Este texto encierra un pequeño secreto. Es, de hecho, una verdadera “novela de (en) una línea”: está formado por las primeras y últimas palabras de Berta Isla, la última novela (2017) de Javier Marías, cuyo título también está evocado en el que encabeza estas líneas. El juego de “comprimir” una novela de ese modo —alguien podría considerarlo una especie de “cifrado cuántico” de la obra— es una vieja idea de muy sencilla realización y que a menudo da resultados sorprendentes. La emplearé de vez en cuando en esta sección cuya brevedad y concentración, junto con sus diaria exigencia, tal vez excusen y hasta requieran el empleo de determinados “trucos” cuya intención no es, naturalmente, otra que la de “aplazar la muerte”, como hace tiempo nos sugirió Juan Luis Panero. Para identificar esta peculiar procedencia, en los textos correspondientes junto al aparecerá un asterisco. Dicho queda.]

lunes, 29 de enero de 2018

Laberinto de yoes desmedidos

Visión estereoscópica del Palacio de Cristal, Madrid
(Face to FB, 3). Hasta el presente, la imagen más cabal que tengo a mano para definir mi experiencia en Facebook es la del Laberinto de Espejos: una atracción de feria o de parque temático. Lo más grato es que, como ocurría también en los juegos de nuestra infancia, la mayoría de las veces la frecuentamos en buena compañía. O eso pretendemos.
Se lo comentaba el otro día, con palabras orales, a un amigo pintor que trabaja en la ilustración de Luces de bohemia, de modo que no tardaron en quedar reflejados en la conversación los famosos espejos delirantes (por deformación) del Callejón del Gato en los que, como es fama, se inspiró Valle —o el propio Max Estrella— para caer en la cuenta de que era esa, la imagen distorsionada o lo que él llamó esperpento, la única capaz de reflejar la verdadera naturaleza de la realidad española. Puede que la metáfora, además de mantener una total vigencia en relación con su referente casi un siglo después, sea  además extensible a este territorio virtual.
¿Como se hubiera comportado Don Ramón en estas redes? No hay que descartar que, como veo que alguna vez nos ocurre a todos, en más de una ocasión terminara trompicado y preso en un reflejo equívoco o tratando de salir por un rincón imposible. Esto último, las falsas salidas, me parece que es lo más peligroso de este Dédalo del siglo XXI. De hecho, uno se cruza a menudo —bueno, de cuando en cuando, para no exagerar— con Ícaros e Ícaras que, con las alas ardidas y el seso desplumado, parecen vagar sin rumbo entre las ruinas de una ciudad siniestra.

En otras ocasiones, la red nos muestra síntomas que revelan un daño acaso ya irreversible en sensibilidades que antes de ellas parecían capaces de mantener el tipo y la coherencia, si bien, tras horas y horas de uso yó(n)quico, ya han perdido el sentido de cualquier realidad que no sea la de verse reflejadas en los espejos de una tan abultada como inane conciencia de sí mismos. O de sí mimos, que el gesto paralizado en un raro estupor no suele ser ajeno a la desenvoltura de estos prendas.
Y que levante la mano —la no amputada— quien no haya sentido alguna vez flotando en derredor la sospecha de si no será aquella ruina o esta pantomima el destino que nos aguarda a todos.

El consejo

Claudio Monet: Marea baja en Pourville, 1882.
«No tengas miedo —le digo—, las palabras no se acaban nunca. Sólo se oscurecen. Son soles».
...

domingo, 28 de enero de 2018

Pregón

Giuseppe Arcimboldo: Las cuatro estaciones en un cabeza, 1590. National Gallery of Art, Washington.
«Estuve en Fitur —me dice— y me lo encontré trajinando en el estand de Canarias: papaya, fresa, naranja, piña, aloe vera y maracuyá».
...

sábado, 27 de enero de 2018

Astrolenguas: el poema


Los Aries que griten.
Qué será de Tauro.
Brindemos en Géminis.
Qué decir de Cáncer.
Al fin ruge Leo.
Un préstamo en Virgo.
No se Libra nadie.
Con tu Escorpio sueño.
Venga, Sagitario.
Vale Capricornio.
Salimos de Acuario.
Para entrar en Piscis.


Imagen:
Montaje de El cielo de Salamanca, fresco de Fernando Gallego, mediados del siglo XV (Escuelas Menores, Salamanca), sobre la Plaza Mayor salmantina.

Astrolenguas: (y) Piscis

M. Anglada-Camarasa: Gallo de San Pedro, 1949. Col. Particular.
Para entrar en Piscis.
...

viernes, 26 de enero de 2018

Llegan los Goya

Resultado de imagen de Goya 2018
Una buena cosecha de cine español en cuatro lenguas
Ya están al caer los premios Goya. Y, como bien saben los fieles de esta página, en La Posada tenemos por costumbre hacer una apuesta razonada al respecto. Es sobre todo una forma de dar cauce a alguna opinión que se haya podido quedar en el tintero sobre uno de los intereses más claros y mantenidos que por acá sentimos, y que no es otro que la pasión (a veces), el gusto y el interés (siempre) por el cine. De forma especial, por el que se hace entre nosotros, Cataluña incluida.

Dejando a un lado el plural gremial, confesaré en primera persona que tentado he estado en este ejercicio de suspender la apuesta, un poco por cansancio, en parte por acedía verbal, otra miaja por falta de tiempo. Y también, y más aún, como protesta por algo que empieza a ser la tónica dominante en los tratos con el cine: la dificultad para ver con cierta comodidad y prontitud las películas interesantes, ya que algunas de ellas ya ni casi llegan a las salas. Y si lo hacen, no duran en cartel más de un par de semanas (a lo sumo). Es verdad que, en contrapartida, se han multiplicado los sistemas de acceso y las plataformas de emisión, de modo que nunca tuvimos a nuestro alcance tanta ficción filmada,  Pero eso, con todos mis respetos, ya no es en sentido estricto cine, un arte que tras su apogeo a lo largo del siglo XX, es posible que esté a punto de mutar en otra cosa. Que no digo que no sea interesante. Incluso espléndida. Pero ya no la misma.

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Cada vez es más frecuente ver el cine en casi soledad...
Lamentos aparte, me parece que no es exagerado decir que, pese a todo, este ha sido un buen año para el cine español, incluidos el que se habla en euskera o en catalán, dos filmografías que, a la vista de la cosecha de las últimas temporadas, es evidente que tienen pulso propio. Otrosí: que han aparecido unos cuantos nuevos valores de interés, al tiempo que se confirman otros, hasta el punto de que no sería exagerado hablar de relevo generacional. Que se advierte cierta diversificación tanto en los temas como en los procedimientos. Y que, pese a lo que continúan profiriendo lo agoreros y los ignaros, amén de los sobrados y los perdonavidas (todo ello también con sus correspondientes femeninos), el cine que se hace en estos lares ibéricos goza de buena (y nueva) salud. Y, aunque a trompicones, sigue atrayendo el interés de un discreto número de aficionados que luchamos por sobreponernos a no pocas dificultades (los altos precios, por ejemplo) para seguir cultivando nuestra pasión y asistir a las salas al menos una par de veces al mes. O alguna más, si vienen bien dadas.

Y sin más, aquí va mi apuesta.

☻ Goya de honor: Marisa Paredes. ¡Un acierto! Toda una musa, la más elegante de las chicas Almodóvar, y de la que aún cabe esperar algún papel de plena madurez... o más allá.

Mejor película: El autor. Es un pronóstico que me parece claro, y no sólo porque probablemente sea la más "redonda" de las películas en liza (ya me ocupé extensamente de ella aquí), sino porque barrunto que tendrá a su favor claros factores de simpatía gremial entre los académicos. Su mayor rivalidad vendrá por parte, sobre todo, de La librería,  y en menor medida de la mano de Estiu 1993, la sorpresa del año, fresca y delicada como en su día lo fue El espíritu de la colmena, aunque a mi parecer le falta sustancia narrativa que dé cuerpo a un juego de miradas realmente sensible. 

Mejor dirección: Isabel Coixet, por La librería. Pese a mi apuesta, creo que el favorito es el director de El autor Manuel Martín Cuenca. Pero sin complejos: la cuota femenino-feminista, con el revuelo genérico que está levantando, creo que esta vez será definitiva..., aparte de que el trabajo de la Coixet vuelve a ser de una gran calidad (no a la altura de Mi vida sin mí, pero casi). 

Mejor actriz protagonista: Natalie Poza, por No sé decir adiós. Apuesto a ciegas porque aún no he podido verla, pero me lo ha chivado un pajarito que lleva viendo cine desde la salida aquella de los hermanos Lumière, así que... 

Javier Gutiérrez y Adelfa Calvo en un fotograma de 'El autor'
Javier Gutiérrez y Adelfa Calvo: platos fuertes de El autor.
Mejor actor protagonista: Javier Gutiérrez, por El autor. A mi juicio, es el Goya más claro de todos, junto con el de actriz secundaria. Ayuda a ello, además de que es un trabajo descomunal, la casi ubicuidad de un actor que parece tener más alteregos que Pessoa. Una vez más, Antonio de la Torre se quedará, en esta categoría, en las puertas. Aunque me parece que no se irá de vacío (véase actor de reparto).

Mejor guion original: Carla Simon, por Estiu 1993. Lo mejor de esta delicada película es, precisamente, su originalidad: los pequeños mimbres con que se construye una historia llena de emoción y verdad. Puede que su rival sea la muy laboriosa escritura de Abracadabra, donde Pablo Berger, tras su inolvidable e hipnótica Blancanieves, lograr urdir una compleja trama que, sin embargo, tal vez se deshilache por las costuras. 

Mejor guion adaptado:  Alejandro Hernández y Manuel Martín Cuencapor El autor. Este mismo tándem ya optó al premio en esta misma categoría por Caníbal (2013). Entonces se quedaron en puertas. Aquí es muy meritorio el trabajo hecho a partir de El móvil, la novela corta de Javier Cercas a la que Francisco Rico, en epílogo ya memorable («Nota de un lector»), considera una genial herencia del Quijote. Opciones también para Isabel Coixet.  

Mejor actriz de reparto: Adelfa Calvo, por El autor. Una gran sorpresa de la temporada ha sido la actuación de esta actriz secundaria, apenas relevante hasta ahora. Nieta de la Niña de la Puebla y de Luquitas de Marchena, la portera a la que da vida entra por derecho propio en esa peculiar galería de personajes entre lo esperpéntico y lo felliniano que es uno de los pilares más firmes de nuestro cine. Parece también un premio seguro.

Antonio de la Torre, un año más doblemente nominado..
Mejor actor de reparto: Antonio de la Torre por El autor. «¿Hay alguna película española notable de los últimos años en la que no haya participado este actor todoterreno?» Este comentario es hace un par de años y lo repetí, ampliado, el pasado.  Pero sigue vigente y se ha reforzado: la IMDB recoge nada menos que ¡110 títulos! en la filmografía de un en verdad ubicuo actor. Es cierto, insisto, que esa cifra incluye pequeños papeles y cierto número de series de televisión, pero no está nada mal para alguien que acaba de cumplir los 50. Pero, ojo, no me extrañaría nada que también se fuera de vacío en esta ocasión: le ha ocurrido en todas sus últimas y numerosas nominaciones goyescas, pese a los buenos inicios de aquel papel en AzulOscuroCasiNegro, que en 2006 le valió el Goya al mejor actor de reparto. Confieso que es uno de los pronósticos que más ilusión me haría acertar. Y eso que la principal pega que le veo al guion de El autor es que no incluya el asesinato del odioso profesor de escritura al que  De la Torre da vida.

Mejor actriz revelación: Bruna Cusí, por Estiu 1993, aunque las revelaciones verdaderamente relevantes de ese filme son las dos niñas que juegan a ser como son ante la cámara. Pero es sabido que desde 2012 los actores menores de 16 años no son premiables. El mismo pájaro cinéfilo y burlón mencionado antes me dice que apunte también el nombre de Sandra Escacena, por Verónica. Lo cierto es que quien debería aparecer aquí, y con todo merecimiento, es Julia Salmerón, la absoluta protagonista de Muchos hijos, un mono y un castillo, el documental dirigido por su hijo, el actor Gustavo Salmerón, y título favorito en esa categoría. Cuestiones genéricas aparte, esta película es una de las grandes sorpresas de la temporada y, si me apuran, diría que la única verdaderamente imprescindible. Es una comedia espléndida en la que vas de carcajada en carcajada hasta la tristeza final. Viéndola hace un par de día en la sala Berlanga (por cierto, repleta), me acordé, no sé por qué, de El desencanto, el mítico documental de Jaime Chávarri sobre los Panero. En lo que va de un documental al otro (el camino que media ente dos tipos del mismo desencanto) tal vez pueda cifrarse cierta deriva de la sociedad española a lo largo de las últimas décadas. (Todo esto debería contarlo un poco más abajo,  pero lo dejo aquí por exigencias del guion). 

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Estiu 1993, la vida por delante.
Mejor actor revelación: Eneko Sagardoy, por Handia. Digamos que es un pálpito. Aún no he podido ver la, al parecer, espléndida película vasca, una historia de gigantes con hechuras de superproducción. Puede que esta carencia condicione mucho la suerte de esta apuesta.

Mejor dirección novel: Carla Simon, por  Estiu 1993, que probablemente sea, como ya se ha apuntado, la más novedosa en cuanto a su tema y la forma de contar. Sus rivales, aunque a distancia, serán Javier Ambrossi y Javier Calvo por La llamada, una comedia musical merecedora de librar batalla en una competición menos exigente que la de esta edición. 


Y en el resto de categorías:

Mejor música original: Pascal Gaigne, por Handia, en pugna con Alberto Iglesias, por La Cordillera (lo más salvable, junto con la actuación de Ricardo Darín, de una peli de director en exceso vago, que lo deja todo en manos del espectador).
Mejor canción original: «Algunas veces», de El autor (canta José Luis Perales; autor: José Luis Perales). Puede que Leiva, por La llamada, le plante cara.
Mejor dirección de producción: Luis Fernández Lugo, por Oro.
Mejor dirección de fotografía: Javier Agirre Erauso, por Handia
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Mejor montaje: Bernat Aragonés, por La librería.
Mejor maquillaje y/o peluquería: el equipo de Oro
Mejor dirección artística:
 Llorenç Miquel, por La librería, o 
Mikel Serrano, por Handia.
Mejor diseño de vestuario: Tatiana Hernández, por Oro.
Mejores efectos especiales: Raúl Romanillos y David Heras, por Verónica
Mejor sonido: el equipo de El bar.
Mejor película de animación: Tadeo Jones 2El secreto del Rey Midas.
Mejor película documental: Muchos hijos, un mono y un castillo, de Gustavo Salmerón (ver comentario más arriba). Es otro premio cantado. Y bien que lo siento por Cantábrico, que tanto debe al buen trabajo de Carlos de Hita.
Mejor película iberoamericana: la mexicana Tempestad.

Mejor película europea: C'est la vie, de Eric Toledano y Olivier Nakache.
Mejor corto de ficción: Madre, de Rodrigo Sorogoyen.
Mejor corto documental: The Fourth Kingdom.
Mejor corto de animación: El ermitaño.


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