sábado, 10 de diciembre de 2011

Pasión neutral


Lo que ni los culés descabellados, que los hay, ni los talibanes merengues, que no faltan, podrán entender nunca es que algunos espectáculos de gran calibre, llegado el caso, solo se pueden disfrutar en toda su plenitud desde ese estado superior de la conciencia que algunos maestros de alma zen llaman pasión neutral.


La imagen superior procede de esta web y la inferior de esta otra.

7 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Sí, pasión neutral, pero dentro de un orden. Y extrapolo: a uno, aficionado sobre todo al baloncesto, le cuesta ver con el mismo interés un partido de baloncesto de la NBA (pongo por caso el último del play off de la gran final; lo que se supone que debe ser la releche en cuanto a encuentros de "basket") que un Barça/Madrid, aunque sea de temporada regular y no se jueguenn gran cosa. O incluso un Valencia/Caja Laboral, tomando partido por uno de los dos conjuntos.

Sí creo, en cambio, que se puede ser objetivo y reconocer aciertos del contrario y errores propios, siendo seguidor de uno de los dos clubs. Sólo es preciso, pienso yo, un poco de sentido común; como en todo en la vida.

Por lo demás, muy buena la entrada. Me gustan las dos ilustraciones elegidas.

Un abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

De acuerdo Antonio, así es como dices, porque, si no hay pasión, ¿para que sirve la neutralidad o, más en general, para qué sirve...? Y lo del sentido común..., ya sabemos lo que pasa con el sentido común. Pero, en fin, ojalá que en este día invernal de frío y niebla veamos un gran espectáculo... solamente deportivo.

Otro abrazo.

Anónimo dijo...

¿Pasión neutral? ¿Y dónde se ha visto eso? Este comentario solo lo puede haber escrito un culé aguardiolado o un vikingo espeso... o un cachondo mental (todo ello dicho con el respeto máximo y un ¡ave César!)

Alfredo J. Ramos dijo...

Todas la opiniones son libres de manifestarse, y algunas también respetables, incluso si son anónimas. No me queda claro desde que facción, descabellada o talibana, escribe usted, amigo enmascarado, pero créame si le digo que no le falta algo de razón en sus tres suposiciones, aunque no en todas por igual claro...

Antonio del Camino dijo...

Ya pasó. Y una vez más hay que reconocer la superioridad del Barça y el bloqueo mental de Ronaldo, un jugador al que nunca se le ha visto destacar en un partido clave, ni cuando jugaba con el Manchester ni desde que está en el Madrid (salvo el gol de la Copa del Rey, precisamente ante el Barcelona). Otro baño de juego, que debería llevar al Madrid a replantearse su prepotencia de los últimos años: hasta el rabo todo es toro, que dicen los taurinos.

(Necesitaba expresarlo, y en la posada me pareció el mejor sitio.)

Abrazos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Pues gracias por hacerlo, Antonio. Tus palabras sensatas animan el rincón de las tertulias. Así que aprovecharé yo también para soltar a vuelapluma algunas ocurrencias, que quizás dieran para algún nuevo post, pero tampoco hay que dejar que el fútbol colonice más de lo debido...


Qué partidazo. Es verdad que el Madrid acabó sucumbiendo ante sus fantasmas y que, como tú dices y bien se encargó Mourinho de poner de relieve (en un aficionado es comprensible; en el entrenador, no), Cristiano no estuvo a la altura, tal vez acogotado por la presencia de Messi y por su propia ansiedad.

Pero la intensidad de muchos momentos de juego fue inolvidable, a la altura de la mayor emoción deportiva que recuerde. El Barcelona, en pirueta genial, se atrevió a utilizar la mejor arma del Madrid (el veloz contragolpe) para salir de una situación peliaguda. El Madrid le disputó el balón al Barcelona como nunca o casi nunca lo había hecho... Ambos fueron muy valientes y, en mi opinión, se impuso el que hoy por hoy es dueño de una mayor técnica y de una mayor fuerza mental.

En algún momento, volvieron a asomar el hocico los peores recursos de la impotencia (Pepe, Ramos), pero por fortuna todo se calmó y se puso de evidencia lo que hay: esa misma conclusión que tú y Sandro Rosell apuntáis... baño de juego (especialmnete, al final de la primera y en toda la segunda parte).

Cómo no destacar la inteligencia de Guardiola, tanto en el planteamiento del partido como en esa decisión última (por otra parte lógica) de someter al Bernabeu a una tensión de contrarios insoportable, al sacar al monumental Iniesta del campo cinco minutos antes del final para exponer al héroe de Sudáfrica y al autor intelectual del descalabro de la noche, en una sola persona, al veredicto de la grada: qué dilema para la torcida merengue, me río yo de Hamlet... (No tengo datos precisos, pero creo que sobre los pitos se impusieron los aplausos, lo que indicaría que la nobleza y el "señorío", ejem. ejem, siguen siendo santo y seña de una parte importante de la hinchada madridista... ojalá sea así).

En fin, es solo fútbol, pero a veces se lleva tan lejos en su poder simbólico que es imposible sustraerse a las elucubraciones.

Queda mucha liga por delante, pero me atreveré a lanzar un pronóstico: la derrota de ayer supuso el principio del fin de Mou en el Madrid. El bucle melancólico que Guardiola dejó dibujado sobre el Bernabeu es, en mi opinión, una bomba de relojería que no tardará en estallar... El troyano (Mou) deberá abandonar el caballo y buscarse un discurso que le permita ser creíble y así asegurarse un retiro dorado para su brillante y atropellada carrera: tal vez los lusos ilusos le encomienden la dirección de sus mesnadas...

Y como cierre, este relato hiperbreve que bien podría firmar un hipotético Monteblanco y que supongo habrá colonizado (éste sí) muchas mañanas de ojos y corazones tan blancos:

Al despertar, el 1-3 todavía estaba allí.

Un abrazo. ¡Y aúpa Athletic!

Anónimo dijo...
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