jueves, 28 de octubre de 2010

Ruizgalán en la Urbe


La nueva sensación de la ciudad, aún semisecreta pero ya creciendo de voz en voz por corrillos cada vez más amplios del  país, se llama Ruizgalán. Tiene una llave como emblema y ha llevado a sus diseños de moda algunos insospechados latidos visuales de la urbe: manchones, desconchados, herrumbres, las ruinas menores que cada día podemos ver en cualquier esquina.

Pablo Galán Ruiz, que desde su último desfile-exposición firma sus creaciones como Ruizgalán, es un joven artista que utiliza la ropa como medio de expresión. Un diseñador textil que experimenta con los tejidos tomándolos como soporte artístico y busca convertir sus creaciones en un lugar de encuentro de muy diversas artes e industrias: ropa esculpida con sugerencias arquitectónicas e ilustrada con innovadoras técnicas de impresión.

El espacio Utopic_US, una nueva y singular sala de eventos en pleno centro de Madrid, acogió anoche el desfile de la nueva colección del joven diseñador. Fue recibida con entusiasmo por el numeroso público  que abarrotaba el espacioso recinto. Y en las laberínticas dependencias del sótano de lo que fuera una tradicional tienda de telas quedaron expuestas las instalaciones que varios artistas han hecho a partir de sus diseños.

 




Diseños de Ruizgalán "instalados" en el sótano de Utopic_Us.
Fotos © AJR, 2010 

La rica confluencia de procedimientos desde la que Ruizgalán se plantea sus creaciones se concreta en texturas capaces de sugerir distintos escenarios y emociones. Superficies sobre las que disponer, con toda la intención, una mezcla de estímulos que nacen de experiencias guiadas por el ojo, la mano, la mente y el corazón, y que acaban configurando el mapa de una sensibilidad alerta.

Diseños que, al ser desfilados en la improvisada pasarela, describen un paisaje humano duro y anguloso, con una mezcla de rigidez y levedad que resulta inquietante (tal vez porque a veces nos recuerdan impedimentas más o menos bélicas).

Y prendas que, colgadas y exhibidas como si fueran esculturas, fragmentos del teatro de la vida o seres deshabitados, se transforman en edificios minimalistas destinados a la contemplación, a la experiencia sensorial. Quién sabe si también en un reto a la osadía indumentaria de algún abanderado del futuro.

La Urbe de Ruizgalán nos enseña a mirar de otra manera el espacio urbano. Y, de paso, también a vernos a nosotros mismos con ojos diferentes. Sus diseños ponen sobre la piel y sacan a la luz los resquicios con que la ciudad, tal vez sin que nos demos cuenta, coloniza nuestro interior.


Ruizgalán en su estudio, fotografiado por Álvaro García para El País.

4 comentarios:

virgi dijo...

Una experiencia interesante, contraria al lujo y boato de las pasarelas. Un toque, quizás, para recapacitar que nuestra segunda piel también tiene otros códigos.

Besos

Navajo dijo...

Me sorprende usted, amigo Alfredo, ahora cantor sobrevenido de la posmodernidad artístico-textil. Una nueva e interesante faceta de su personalidad renacentista. Felicitaciones.

Alfredo J. Ramos dijo...

Estoy de acuerdo, Virgi; yo creo que el empeño de este joven diseñador está más cerca de la búsqueda expresiva que de ningún boato. Quizás, como tantas otras veces y en tantos campos, la dificultad estribe en encontrar el camino que una sin excesivos rodeos arte y realidad. Gracias por tus certeras palabras.

Alfredo J. Ramos dijo...

Celebro verle por la Posada, amigo Navajo, ya que parece que en la Reserva del Pecos Occidental la melancolía mantiene alzados sus pendones. Gracias por sus palabras, pero ya sabe lo que dijo el clásico (y los cacos de toda estirpe adoptaron como consigna): nada humano me es ajeno.